Te extraño más que ayer y menos que siempre

“Moisés decidió partir”. Ese fue el mensaje que yo no llegué a leer. ¿Entienden la diferencia entre ‘él partió’ y ‘el decidió partir’? Sí. Es exactamente lo que se imaginan. 

Te extraño más que ayer y menos que siempre

Cuando mi mamá me contó la trágica historia de amor que tuvo con mi padre, no pude asimilar cómo es que una mujer con un bebé en vientre puede sobreponerse ante eso. Ella me dijo que solo es cuestión de tiempo. Que el tiempo ayuda a olvidar y a resignarse. Yo no le creo mucho. Después de veinticinco años ella sigue llorando cuando hablamos de la noche que lo mataron. También llora cuando recuerda las épocas bonitas: sin miedo y mucho amor. Puede ser que el tiempo ayude a liberar el odio, rencor o la tristeza, pero jamás ayudará a olvidar. Uno no olvida a quien quiso y amó.

Te extraño más que ayer y menos que siempre

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Hace más de cuarenta días recibí una noticia que cambió por completo la visión que tenía sobre la vida. Era un martes en la noche y yo estaba casi a punto de dormir. Mi teléfono timbró. Tenía sueño y no respondí. Mi teléfono volvió a sonar. Llegó un mensaje de texto: “Estefany, nuestro amigo Moisés ha decidido partir”. Al comienzo no creí absolutamente nada. Bueno, sí. Pensé que se referían a un viaje al exterior o algún tiempo de alejamiento temporal de él. Pregunté muchas veces a qué se refería exactamente. “Moisés ha fallecido, Estefany”, fue lo último que escribió. Recuerdo claramente lo que pasó. Me senté en la cama. Sentí como mi cuerpo se desvanecía. Mis manos ya no podían coger el celular. Mis ojos querían estrellarse contra mis recuerdos y las lágrimas. Fui corriendo al cuarto de mi madre. Ella dormía y se asustó al verme llorar desesperadamente con las manos tapándome el rostro. Tampoco lo podía creer. Me preguntó de qué había fallecido y yo no supe que responder. En medio de tanto, no pregunté qué le había pasado. La verdad es que tampoco quería saber. Si él ya no estaba conmigo, lo demás era historia.

Te extraño más que ayer y menos que siempre

“Moisés decidió partir”. Ese fue el mensaje que yo no llegué a leer. ¿Entienden la diferencia entre ‘él partió’ y ‘el decidió partir’? Sí. Es exactamente lo que se imaginan. Estuve casi cuatro días llorando las veinticuatro horas del día. Pero más que llorar, estuve renegando conmigo misma. Yo no estuve ahí para él. Quizás no habría hecho mucho, pero quizás sí. Nosotros estábamos distanciados y un par de días antes de su muerte, me escribió un mensaje saludándome y para coincidir en algún café. Yo no respondí. Olvidé responderle. Sé que hoy es muy tarde, lo sé. Todas las veces que he ido a su casa después de ese día solo para pararme al frente y llorar recordando episodios, me lo han dejado en claro.

Pero aquí va mi respuesta, Moisés.

Perdón. Perdóname, Moisés. Perdóname por no estar ahí para ti. Perdóname porque siempre fuiste tú el que me daba aliento. Perdóname porque no pude detenerte, porque a pesar de conocer a flor de piel tus altibajos no pude hacer más. Perdóname por alejarme de ti. Perdóname por decirte que lo nuestro sería una locura. Perdóname porque no sé si pueda acercarme a tus hijas después de esto. Perdóname por las veces que me iba sin despedirme después de hacer el amor y te escribía un mensaje diciendo: Lo siento, me fui. Perdóname porque siempre supe que tú me querías y necesitabas entablar algo serio a tus 40 años, yo no quería. Perdóname porque tuve miedo. Perdóname por levantarte a las cinco de la mañana para obligarte a ir a tus citas médicas. Perdóname porque cuando hace dos años me dijiste “Estefany, gracias por llegar a mi vida. Yo tenía planeado hacer algo y tu llegada me detuvo”, yo no creí que te podías referir a esto. Perdóname porque no fue suficiente todo lo que hice, nunca lo será. Perdóname por decirte tantas veces perdón, recuerdo cómo odiabas que lo haga.

Te extraño más que ayer y menos que siempre

Así que gracias. Gracias por recordarme que existe el amor sin dolor. Por los domingos de películas y tallarines. Gracias por los casi cuatro años. Gracias porque no sé qué de bueno hice en mi vida para haberte conocido. Gracias por quererme como lo hiciste. Gracias por confiar en mí. Gracias por todas las veces que te sentiste orgulloso de mí. Gracias por ese video que te grabaste en plena conferencia y que lo escucho todas las noches porque tengo miedo de olvidarme de tu voz. Gracias por tu vida.

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Desde la noche que me enteré de tu muerte, he hecho lo imposible para soñar contigo. Al menos quiero eso: que aparezcas una vez más. Me enseñaste tantas cosas y no cómo lidiar cuando ya no estés. Nos volveremos a ver, Moisés. Te extraño. Más que ayer, menos que siempre. Vuela y conoce por fin la felicidad. Existe, créeme. Tú me la presentaste. 

 

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Posted by Revista Wapa on martes, 9 de mayo de 2017